Ha pasado la noche de San José y las Fallas ya sólo son ceniza y rescoldo de las últimas llamas que iluminaron el cielo nocturno de la capital valenciana. De las Fallas 2025 ya sólo queda, como manda la tradición, el Ninot Indultat. Y de manera sorprendente, con una maniobra que sorprendía en medio de los días claves de las fiestas valencianas, el inefable Mazón ha conseguido salvarse de la quema, al menos por el momento, e indultarse así mismo alargando el cargo al frente de la Generalitat con la armadura que le proporciona el privilegio de su aforamiento.
Mazón ha tardado menos en llegar a un acuerdo con Vox que lo que tarda en atizarse un buen almuerzo en El Ventorro y abre un nuevo capítulo del tormentoso episodio convertido en una de los dramas naturales más trágicos de nuestra reciente historia y abriendo la puerta a un panorama inmediato en su deriva política que convierte la situación en un fuego que más que una falla parece la zarza de Moisés, aquella que según el Antiguo Testamento resultaba imposible de apagar. Mazón, para seguir en el sillón del poder y ejercitar una dudosa resurrección política que le permita llegar a puerto alguno, asume ahora los planteamientos de Vox en materias que no son minucias precisamente como las políticas climáticas o sobre migración o racismo. El PP valenciano asume desde ya mismo una nueva fase que puede ser crítica y en la que el papel del partido a nivel nacional se adentra en un terreno desconocido y en el que se encuentra más bien cogido por sorpresa por el movimiento del ninot. El ninot, como la marioneta, sólo se activa si alguien mueve los hilos y aquí los hilos, según parece, sólo los mueve Vox.