Es como si, de pronto, hubiéramos descubierto que hay cosas feas y punibles que no distinguen de ideologías políticas. Pero, claro, es que llevábamos mucho tiempo escuchando y leyendo que la corrupción era sólo patrimonio de la derecha. Tantas veces que se había convertido en un mantra. Y, de pronto, nos encontramos con algo que ya muchos sabíamos, pero que los hechos conocidos y juzgados, al menos hasta el momento, no les concedía crédito. Es así como nos topamos con una realidad que es más que tozuda al dejar al pairo que frente al dinero y el sexo -mal entendido y peor disfrutado- no hay ni diestras, ni centros, ni siniestras. Correa, Bárcenas y Ábalos exhiben la misma baja catadura moral y legal, aunque sus colores políticos sean diametralmente opuestos. Pero a la hora de llevárselo calentito y de calentarse pagando con dinero público no les tembló el pulso y, seguramente, una ambición -tan ciega como desmedida- los llevó a pensar que estaban por encima del bien y de mal y que, por eso, nada les podría pasar. Craso error. Es lo que tienen las borracheras de poder. Causan resacas monstruosas que se suelen llevar mal, sobre todo, si se sufren entre rejas. En los presuntos casos de agresiones sexuales de Errejón y Monedero lo peor de todo es que se suponía que ellos eran los abanderados de, precisamente, lo contrario. Su famoso, justo y necesario slogan de Solo sí es sí no iba con ellos. Y esto daña irreparablemente no sólo su imagen -que sí, queda mancillada para siempre- si no también la de sus agrupaciones políticas; e incluso de aquel 15M que tanto ilusionó a tantos españoles descontentos con el bipartidismo. Pero llegados a este punto no me creo la supuesta estupefacción que puede haber causado saber que estos sujetos, sólo por ser de izquierdas, no pueden haber sido capaces de cometer esos graves daños a mujeres. Y aquí es cuando necesitamos que desde Podemos y PSOE se extremen las medidas de control que puedan anticipar, evitando a tiempo, que un potencial delincuente ataque a unas alumnas o, incluso, propias compañeras de partido o tenga en nómina a una prostituta de lujo. Ahora se sabe que los comportamientos poco adecuados - como ahora se ha puesto de moda decir- de estos políticos se conocían en el seno de sus partidos y que no se denunciaron porque «eran de los suyos» y, además, poderosos gerifaltes. En cualquier caso, y ante la mínima duda, es preciso activar los protocolos pertinentes con la mayor contundencia y transparencia posible. Sólo eso impedirá y acabará con estos casos impresentables. Sexo, dinero y política, mala mezcla.