Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


¿Sí a la guerra?

01/04/2025

Acojonar -masiva e intensamente- a la población, con una falsa amenaza de guerra, es algo que desde tiempos inmemoriales se ha utilizado para conseguir objetivos, siempre en dirección contraria a la voluntad real de los asustados. En el caso que nos ocupa el fin de esta campaña ideada e implementada por diferentes gobiernos -situados en USA y su exaliado Europa- está claro: hacernos a todos tragar -indistintamente de cuál sea nuestra ideología política- con un disparatado aumento en gasto militar para un rearme -tan supuestamente urgente como necesario para defender a nuestras propias e inocentes familias de un virtual e inminente estallido bélico a escala mundial- que hará más ricos, aún más si cabe, a los puñeteros señores de la guerra. Precisamente estos mismos casualmente localizan sus multinacionales en Estados Unidos y Rusia que, como se sabe, ocupan los dos primeros puestos en el ránking de venta de armamento al resto del planeta -y que, para más inri, son propiedad de riquísimos empresarios muy cercanos al entorno de Trump y, por supuesto, de Putin-. En éstas estamos y, según los últimos sondeos realizados en España en los últimos días, lo están consiguiendo. Y es que hasta un 80% largo de los españoles ya consideran que un aumento en gasto militar es justo y necesario a la hora de afrontar posibles conflictos en los pudiéramos vernos involucrados de forma directa o indirecta. A un Trump más desbocado, lenguaraz y peligroso que nunca, se le ha metido entre ceja y flequillo que Europa les ha venido robando desde tiempos inmemoriales. El presidente de yanquilandia considera que toda la ayuda económica, y de la otra, que desde su país se ha procurado al viejo continente es algo que, ahora, debemos de devolverles y con altos intereses. Y la manera elegida es una a través de los aranceles y la otra es pagándole, y a precio de oro, por sus bombas, aviones y cañones. Y vaya si ha calado, tanto que con la aquiescencia de gobiernos como el de Sánchez, con el consentimiento del PP, parece algo imposible de parar que, en las próximas semanas, o quizá meses, se apruebe en el Congreso una subida para comprar cosas que matan, y sin límites fiscales, que, nos juran, no afectará a servicios públicos verdaderamente importantes como la sanidad o la educación. Me choca mucho no ver en las calles, pancarta en mano o con chapa en la solapa, a todos aquellos que salieron a proclamar públicamente su «No a la guerra» en tiempos pretéritos. Será, quizá, que esta posible amenaza como nos afecta supuestamente más cerca y de frente -sin olvidar a los 284 muertos que se ha cobrado el yihadismo en España- y que, ante esto, el pánico a que una cabeza nuclear arrase a nuestros seres queridos puede con todo. Está pasando.