Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


La hora de la verdad

07/05/2024

Que nadie se equivoque. Los primeros interesados en que se produzca una limpieza profunda en la prensa nacional somos los propios periodistas. Y por encima del propio Sánchez, que se ha autoerigido como la principal y única víctima del fake en negro sobre blanco, como si todos los demás, políticos y civiles, estuviéramos a salvo de ello. Huelga decir que desde hace años la extrema polarización que han impuesto PSOE y PP para acabar con medianías molestas ante su objetivo de seguir aupados en el poder hasta el infinito y más allá, ha afectado gravemente al mundo de los medios de comunicación de este país. Cabe pensar que han sido ellos mismos los que han apretado las tuercas a su prensa afín para hacer frente a los ataques de la contraria. Piensen mal y acertarán. Y en medio de esta contienda que viene librando entre grupos empresariales de la información que aglutinan a la gran mayoría de las cabeceras y emisoras de radio y televisión, en la que ya nadie disimula sus más que visibles colores políticos, nos seguimos encontrando con ejemplos de periodismo de verdad. Llegados a este punto creo que es bueno recordar que la prensa buena es la que informa desde la libertad e independencia que exige la propia realidad que se cuenta, escribe o locuta, y siempre desde una profesionalidad y deontología a prueba de intereses, sobornos y chantajes. Lo demás es propaganda pura y dura al servicio de empresarios y fuerzas políticas que saben muy bien que tener a la opinión pública a favor es inexorable para su supervivencia y enriquecimiento. Ante esta nueva pseudo-prensa falsa, los periodistas debemos posicionarnos siempre en frente y sin ambages. Nos jugamos nuestra credibilidad, honestidad y lealtad a los propios valores de nuestra querida profesión. Y debemos de hacerlo de forma pública. Y lo más importante, debemos de ser nosotros los que señalemos, como profesionales del asunto, qué medios son de fiar y cuáles no, siguiendo criterios que afectan a los fundamentos propios de nuestro oficio que para muchos es religión. No debe de ser Sánchez, ni ningún líder político, el que se crea con el poder para señalar qué prensa es buena o mala, siguiendo su propio interés. Ante esta posibilidad, ya apuntada por el presidente para un futuro más o menos cercano, es donde tenemos que tomar titulares en el asunto y dar un paso al frente. Solo desde el libre pensamiento, valiente e independiente, podremos devolverle al periodismo su alto valor y extraordinaria categoría democrática. Es la hora de la verdad.