El País avisa del auge de la ultraderecha entre los alumnos y de cómo los docentes intentan contrarrestar la avalancha de contenidos machistas o nostálgicos del franquismo en las redes sociales, la bicha a la que atribuyen todos los males. Olvidan señalar que esas redes no son sino la contestación a lo que ofrecen los medios de comunicación, entre ellos y muy notoriamente El País, y que si hubiera que repartir responsabilidades de este auge de la ultraderecha, parte importante del cupo correspondería a los medios que, un día sí y otro también, hablan del auge del ultraderecha. Nuestra riquísima historia ha quedado reducida a un solo nombre, el de Franco al igual que las luchas sociales se han constreñido a la del feminismo. Sobre Franco han focalizado la "memoria histórica", que de haber sido rigurosa en su aplicación hubiera abierto el abanico a otros periodos del pasado, no solo al más reciente. No extraña por tanto que los jóvenes se hayan quedado exclusivamente con ese nombre, y que en lugar de entablar amenos debates en las redes sobre Felipe el Hermoso, Carlos IV, el Cura Merino o Romero Robledo, lo hagan sobre el dictador, en trinchera contraria a la de sus mayores que, por el hecho de serlo, ya son sospechosos. Viven los jóvenes anegados en la cultura del franquismo, del feminismo, del cambio climático, pues esa es la terna a la que han reducido los medios su horizonte vital, y si han salido negacionistas de todo es por hastío y por no creer ni la media de lo que les dictan desde arriba, obedeciendo a un impulso contestatario congénito a su edad. Se les pasará, por ley biológica, en cuanto maduren, o cuando los gobiernos dejen de darles la lata.