Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


El odio

25/03/2025

A Bretón, ese monstruo que mató a sus hijos con sus propias manos y quemó sus pequeños e inocentes cadáveres, para luego negarlo como un psicópata asesino y cobarde que es, se le ha ocurrido contar en un libro cómo lo hizo, en una especie de confesión pública en negro sobre blanco. A Anagrama, de forma inexplicable, este asunto le hizo gracia y apoyó su edición, seguramente pensando en que el peor morbo les haría vender miles de libros y en nada más; menos aún en el dolor y conflictos, tanto jurídicos como morales, que podría acarrear. Ante tal noticia, la madre de Ruth y José, pidió a la Justicia que frenara su publicación -inicialmente prevista para mañana- por considerar que vulnera su derecho a la intimidad y reaviva su duelo. Finalmente, la Fiscalía ha pedido a la editorial que frene la edición de la novela, mientras que ellos defienden su publicación a través del derecho a la creación literaria y la libertad de expresión. Es más, su autor, Luisgé Martín, afirma que su propósito fue investigar sobre la brutalidad de la naturaleza humana. Además, de defender que el libro está escrito con el mayor respeto hacia las víctimas. Finalmente será un juzgado de primera instancia de Barcelona el que resuelva el caso. Llegados a este punto es necesario destacar que nadie había informado a la familia materna de que había un proyecto literario en el que se iba a detallar como les quitó la vida, con pelos y señales. Como que tampoco, en ese libro, se ha contado con otra versión del terrible episodio que no sea el que aporta el abyecto Bretón. Algo que, si se le quiere dar fundamento periodístico a El odio, es una obligación deontológica por no ofrecer una visión panorámica y completa del suceso. Lo que parece claro es que, aunque no exista en España una ley específica que prohíba este tipo de tropelías presuntamente literarias, que aprovechan el relato de un crimen feroz para hacer negocio editorial, sí hay normas que lo pueden evitar, como la que impide la difusión de información que perpetúe el daño a las víctimas y a sus familias. Seguramente lo más asqueroso es que los editores, tras afirmar que son plenamente conscientes de la monstruosidad de los crímenes cometidos por José Bretón, dicen entender la sensibilidad que puede suscitar la exploración de la condición del doble filicida. Y hasta se permiten acudir a Truman Capote y a su obra maestra A sangre fría, para justificarse. Nunca entre letras anidó tanto asco. 
P.S.: Sólo queda desearle a Bretón que su carcelero un buen día se confunda de patio.