Sin duda, el ser humano como tal, presenta unos condicionantes definitorios en los que las emociones son pieza clave para el comportamiento.
Muy a menudo y tal vez, ahora más, desde que pasó la pandemia, la sensación de sentirse vacío se ha vuelto común en un porcentaje elevado y cuando nos vamos a dormir, en muchos casos, sentimos esa sensación de vacío interior y de falta de plenitud, provocando tristeza. Y lo malo, es que sucede por muchas razones, elevando la importancia en función de la gravedad de la circunstancia que lo provoca.
Hasta cierto punto, el sentirse vacío está asociado a diversos estados emocionales, considerados normalmente poco positivos. Es como si faltase algo esencial, algo que da color y profundidad a nuestra existencia y nos llega ese vacío interior. Pero tendríamos que analizar –con los expertos- si ese vacío es emocional hasta el extremo de generar psicopatología de carácter grave, o simplemente es un vacío transitorio generado por circunstancias pasajeras.
Es muy común, un vacío post, en la jubilación –cuando llega-; muy propio en demasiadas personas que le provocan un cambio de actitud y de metabolismo que alcanzan la gravedad al no encontrar equilibrar su nueva vida, dedicada por entero a su profesión; puede haber un vacío post-matrimonio, cuando los hijos han alcanzado una edad y se marchan de casa provocando un fuerte cambio de la rutina diaria generando incluso un cambio en la dieta alimenticia y en el comportamiento de la pareja, con discusiones diarias o enfrentamientos sin sentido; puede haber un vacío post-coital, cuando se pierde el deseo por la edad y las circunstancias físicas generando una apatía y fuerte abandono de la relación sexual con prolongación en todos sus ámbitos –en muchos casos han sido objeto de separación-; puede haber un vacío post-admiración, cuando la edad te hace perder el protagonismo social adquirido y ya no eres tan admirado o necesitado en esa sociedad que te ha colocado en ese alto nivel.
Sin duda, muchos de estos vacíos pueden ser tratados si se detectan a tiempo, si los asumimos y si deseamos encontrar respuesta; otros, pueden generar demasiada carga emocional y provocar realidades interminables, en muchos casos, sin solución.
Sin embargo, el ser humano es tan complejo que se complica la vida con aspectos irrelevantes. ¿Cómo puede haber un vacío post-emocional al acabarse una serie televisiva?; pues sucede y muchas veces, ya que su argumento te ha hecho formar parte de la misma historia durante veinte o más capítulos, te "ha enganchado" sirviendo de intenso entretenimiento hasta el punto de modificar tu rutina diaria, provocar sentimientos enfrentados, dependencia, llegando a una frustración cuando finaliza.