Otro folio en el cajón de las alegrías de España… y otra muesca en su revólver: llegó a la selección sin hacer ruido. Sin poner cara de velocidad ni destrozar escuadras ni tibias de rivales. Tan solo era un devorador de kilómetros con una zurda exquisita, como si fuera poca cosa. Fabián Ruiz, el chico de Los Palos y Villafranca, debutó con la Roja hace 37 partidos… y son 37 duelos sin derrota.
Si juega el 'ocho', el equipo no pierde, y no sería más que una estadística en el pozo de los muchos números que acumula el fútbol profesional de no ser porque el pasado domingo superó los 36 de Iniesta, igualó los 37 de Julen Guerrero y se colocó a solo un encuentro de Xavi Hernández: solo Carlos Marchena, que sumó 57 internacionalidades consecutivas sin perder, se desmarca en el horizonte. E incluso hay una peculiaridad en su caso: todos ellos, salvo Guerrero (que perdió el 38º), ya habían perdido con España antes de iniciar sus rachas. No Fabián, que desconoce el sabor de la derrota cuando viste de rojo.
Lo suyo va más allá de la casualidad y de cualquier consideración de mero talismán. A sus casi 29 años, ha alcanzado una madurez espléndida en la que expone sobre el terreno de juego todo el conocimiento acumulado en 10 temporadas de delicado centrocampismo, desde que debutase con el Betis en la 14/15 (13 de diciembre de 2014). Y no solo es el motor de la estupenda racha de la selección, sino del rendimiento colectivo del mejor PSG en años.
Nápoles
Los 'emigrantes' se descubren más tarde. Por mucho que la televisión haya globalizado el fútbol, el aficionado sigue sorprendiéndose cuando 'un tal' Cesc Fábregas o 'un tal' David Raya llegan a la selección absoluta y pasan del «¿este… quién es?» a la admiración más profunda. Fabián sale pronto hacia Nápoles, con apenas 22 años, y desaparece del radar del forofo medio. Se iba un proyecto de mediapunta, un tipo espigado (casi 190 centímetros) que en el argot popular se consideraba un jugador con mucho talento y 'poca sangre'. Si necesitaba carácter, quizás Italia se lo podría proporcionar… y dentro de ese modelo transalpino, pocos mejores que Carlo Ancelotti (técnico del Nápoles en la 18/19) para ir mostrándole al sevillano los distintos oficios de la parcela ancha.
Pasó por las manos de Gattuso y Spalletti, y endureció su fútbol sin perder duende. Cuando el PSG arriesgó 22,5 millones por su contrato, fichaba a un tipo capaz de jugar partidos de pierna dura o de guante blanco, de controlarlos o revolucionarlos, un futbolista que encajaba en los choques físicos y en los tácticos. Una navaja suiza que ya el 15 de marzo de 2019 había sido convocado por primera vez con España.
La figura de Luis Enrique ha marcado su carrera. Fue el técnico que le hizo debutar con la absoluta, el que se olvidó de él en el experimento fallido de Qatar'22 y el que le ha entregado galones de comandante en jefe en el PSG. «Jugó la Euro'21 y después no lo llevé al Mundial. Creo que me equivoqué. Debería haber estado», analizaba el asturiano, que ha preferido darle la brújula al español antes que a Zaire-Emery, su gran apuesta personal.
El 'descubrimiento' de Fabián ante el gran público sucedió en la pasada Eurocopa. Una exhibición colosal. Hizo dos goles, repartió dos asistencias y fue incluido en el once ideal del torneo. No fue ninguna sorpresa para quienes siguieron su carrera y la cuidaron desde el arranque, más bien la consagración de un futbolista total, el mediocampista moderno capaz de hacer de todo… y todo bien. «Es capaz de jugar de cara con muchísima claridad y dar pases decisivos con facilidad. Puede jugar entre líneas. Puede jugar sin balón. Tiene llegada, tiene chut, tiene trabajo defensivo...». A 'Lucho' se le llena la boca con su 'ocho', que en el último partido copero del PSG lució el brazalete de capitán.