Durante el año 2024 estuvieron presentes en los discursos de partidos y otros grupos las desigualdades hipotéticas que la amnistía en Cataluña iba a provocar en Castilla- la Mancha. Tras ese discurso se deslizaba un eslogan que el presidente del PP expresó con nitidez cazurra «Cataluña roba a Castilla- la Mancha». Era un trasunto calcado de aquella otra consigna que se produjo cuando, desde Cataluña, independentistas y soberanistas gritaban que España robaba a Cataluña. En Castilla-la Mancha nadie cuestionó ese discurso que se apoyaba y se apoya en el anticatalanismo rancio que circula con éxito por estos lugares. Sin embargo, suponiendo que fuera cierto, que es mucho suponer, que a Castilla- la Mancha le roban cabe preguntarse quién lo hace, ¿Cataluña o Madrid?
La Comunidad dispone de recursos naturales abundantes: suelo, agua, sol, grandes espacios abiertos y despoblados, tierras raras. En tiempos antiguos lugares ideales para fincas de caza de la nobleza y la aristocracia española. Ahora los territorios de la Comunidad de Castilla-la Mancha están siendo ocupados por enormes empresas de logística – pocos productivas- en un uso de suelo avariento que augura dificultades futuras. Están siendo ocupados por delirantes urbanizaciones de bajo coste y alta especulación en las que se esconden gentes de distinto pelaje que expulsa Madrid de barrios cada vez más caros. Los corredores de Guadalajara y Toledo están ya casi al completo y el monstruo que es Madrid avanza en otras direcciones. A este proceso de crecimiento disparatado se une la explotación desaforada del agua del Tajo y sus afluentes: para consumo humano en crecimiento continuo, para atender a las empresas, algunas grandes demandantes de agua. Esa ocupación invasiva e intensiva está alterando profundamente la geografía, la sociología y la vida de los pueblos tradicionales. Están creando problemas a Ayuntamientos y Comunidad que carecen de recursos para atender las crecientes demandas de servicios. Las antiguas y feraces tierras de la Sagra o de las Vegas del Henares desaparecen bajo un progreso meramente residual que, de momento, no ha dado aún la cara de su poder destructivo. ¿Dónde tienen establecidos sus domicilios fiscales estas empresas, esas constructoras, esas urbanizadoras, en Madrid o en Castilla-la Mancha? ¿Dónde realizan sus transacciones comerciales, dónde pagan sus impuestos, dónde declaran sus beneficios? Porque de ser lo que parece, pocas de esas operaciones económicas estarían repercutiendo en los ingresos de Castilla-la Mancha. Así que en Castilla-la Mancha sus recursos abundantes están siendo explotados por un Madrid que crece de un modo exponencial a cambio de nada. ¿Consiste en eso robar?
Por unas malhadadas políticas públicas, por ahora irreversibles, se decidió trasvasar agua del rio Tajo a la cuenca del Segura, Valencia, Murcia y parte de Almería. En estos lugares el agua del Tajo ha servido para crear una riqueza de la que nada llega a Castilla-La Mancha. A la explotación hídrica se suma Madrid. Cada vez usa más agua del Tajo para atender a una población creciente e invierte menos en depuración de residuales que arrojan en los cauces naturales de ríos y arroyos. El Tajo, a su paso por Toledo, es una cloaca a cielo abierto. A este paisaje se suman las plantas de producción de energía fotovoltaica. Terrenos de grandes fincas se están convirtiendo en enormes plantaciones de placas solares cuya energía se dirige directamente a Madrid sin dejar beneficio alguno a los pueblos por donde pasa esa energía. ¿Recibe algo esta Comunidad, al margen de los beneficios de los grandes propietarios por el alquiler de sus suelos? Y nos quedaría conocer donde se declaran los beneficios de las suculentas subvenciones de la PAC. En fin, ¿dónde se sitúan los domicilios fiscales de todas las actividades que se localizan en los territorios baratos de Castilla-la Mancha? Si alguien roba a Castilla-la Mancha, ¿quién lo hace Cataluña o Madrid?