«La estrellica de Cordovilla es única en el mundo»

Antonio Díaz
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La asociación Aluex continúa con su programa de conferencias en el salón de actos de la Diputación Provincial de Albacete, con la intervención de Alejando Santiago González, doctor en Ciencias e Ingeniería Agraria

Alejandro Santiago González. - Foto: José Miguel Esparcia

La asociación Aluex continúa con su programa de conferencias en el salón de actos de la Diputación Provincial de Albacete. Alejando Santiago González, doctor en Ciencias e Ingeniería Agraria, conservador del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, habló sobre El saladar de Cordovilla: el espacio natural y su conservación en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha.  

¿Nos puede comentar qué es el saladar de Cordovilla?

El de Cordovilla es un saladar continental, un hábitat muy extraño y raro, que queda dentro del Continente como una zona de costa, pero a muchísimos kilómetros de ella, y esta originado porque era el fondo del Mar Mediterráneo hace seis millones de años. Este entorno ha quedado aquí, en la provincia de Albacete y ha sido colonizado, relativamente, por especies vegetales sobre todo, que han   tenido que evolucionar para vivir donde casi nadie más es capaz de vivir. Es algo muy singular, uno de los saladares, de este tipo de hábitat, mejor conservado, saladares de interior de Europa. 

Está en la pedanía.

Sí, entre Hellín y Tobarra. Es una pedanía, efectivamente, y tiene un plan de gestión, está protegido, incluye el saladar de Cordovilla, el saladar de Agramón y la laguna de Alboraj. Hay que valorar estos hábitat, que son rarísimos, tienen muchísimas posibilidades en la lucha contra el cambio climático y cuestiones de mejora en la agricultura para el futuro. Son la respuesta a problemas de tipo ambiental, con especies, algunas, que en el mundo sólo existen en Albacete.

¿Por ejemplo?

La estrellica de Cordovilla es  única en el mundo, una planta endémica de Albacete y vive donde no vive nadie más, en un sitio donde hay tanta sal que debería estar totalmente muerto. A nadie se le escapa que si ponemos una maceta con sal, no podemos sembrar ninguna planta, incluso los romanos tiraban sal al suelo para que no hubiera cosecha. Bueno, a esta planta le da exactamente igual, ha tenido seis millones de años de evolución para conseguirlo.  Es muy rara y merece la pena que se conozca. Es de aquí e importante a nivel mundial.  

¿Es la más importante?

Sí, esta es la más importante, aunque luego hay otra serie de plantas acompañantes que aparecen en este saladar, como el limonium. Son una selección de especies, supervivientes extremas capaces de dar un aspecto, como si fuera un matorral, a un sitio que según las reglas básicas de la naturaleza que conocemos, debería ser inavitable. Es como si de pronto encontráramos una tribu de humanos capaces de respirar bajo el agua. 

¿Qué utilidad tiene?

Por ejemplo, el albardín es un matorral. Imaginemos un matorral que podamos cultivar con agua con sal, 59 gramos por litro, lo aguanta, y no deja de ser una gramínea,  una prima del trigo, la cebada, el centeno. Entonces, si en el futuro, por ejemplo, hay tan poca agua potable que tuviéramos que plantearnos regar los cultivos con agua de mar, estas plantas nos podrían dar una solución genética para conseguir trigo que pudiéramos cultivar con agua de mar.

¿Cómo trabajan en el Jardín Botánico para conservar estos espacios?

Trabajamos a tres niveles, el de divulgación, la exposición de una colección de planta viva, porque tenemos recreado ese hábitat hasta el más mínimo detalle, que está en un museo, porque el Jardín Botánico no deja de ser un museo, luego, otra parte es la conservación, tanto de sus semillas como de las propias plantas, tanto en la colección de planta viva, como en el banco de semillas, y estamos en la investigación.

¿Para ver qué posibilidades tiene para el futuro?

Esto de lo que hemos hablado, investigación sobre el albardín, en colaboración con el Instituto Botánico de la UCLM, para ver qué genes son los que hacen que esta planta es capaz de sobrevivir en esas condiciones, por si en un futuro, ojalá no haga falta, pudiéramos necesitarlo para transformar esos trigos y regarlos con agua de mar.  

¿Cómo va esa investigación?

Es una investigación que está empezando, estamos intentando, primero, ver cómo lo hace el albardín, para luego contárselo al trigo.