La mayor parte de los mortales usamos las palabras 'desertificación', 'sequía' o 'aridez' como si fuesen sinónimos, pero no lo son en absoluto y eso es algo muy importante para una provincia como Albacete.
Con mucha diferencia, la provincia de Albacete es la más desertificada de toda Castilla-La Mancha, pues forma parte del sudeste de España, la zona más vulnerable a este fenómeno en la Península.
Porque la desertificación es un proceso a largo plazo, donde no sólo interviene la lluvia, sea su presencia o su ausencia, también tienen que ver otros factores, tanto humanos como naturales.
El resultado final de este proceso es que el suelo se degrada hasta tal punto, que la agricultura y casi todas las actividades humanas asociadas a la tierra se vuelven prácticamente imposibles.
En 2007, el Gobierno central elaboró el Primer Programa de Acción Nacional contra la Desertificación (PAND). De las cerca de 200.000 hectáreas en alto riesgo en Castilla-La Mancha, un poco más de la mitad estaba en Albacete.
Eran 102.614 hectáreas, un 6,8% del territorio provincial. No parecía mucho, pero si se bajaba un sólo escalón, si se añadían las superficies en riesgo alto, la situación ya era muy preocupante.
En esta otra situación, ya estaban 565.874 hectáreas, un 37,94% del total. Es decir, que hace 18 años, la desertificación ya había avanzado de manera muy significativa en casi el 45% de toda la provincia.
En 2020, la Diputación de Albacete presentó un detallado Diagnóstico Provincial de Sostenibilidad, en el que se dedicaba todo un epígrafe al avance del desierto, y los resultados eran aún peores.
«En torno al 80% del territorio de la provincia tiene un riesgo alto o muy alto de desertificación», señalaba el documento, que también identificaba las comarcas más afectadas por este fenómeno.
La primera de estas zonas era la comarca de Almansa «y una franja que discurre desde la sierra de Alcaraz hasta la comarca de Hellín, atravesando la parte norte de la Sierra del Segura».
Otras zonas en «alto riesgo», según el estudio, eran el centro de la provincia, sobre todo en torno a los municipios de Albacete y Chinchilla, además de gran parte de la comarca de La Manchuela.
En definitiva, que el avance de la desertificación en la provincia es desigual, porque es cada vez mayor a medida que nos movemos hacia los municipios situados más al este y sudeste de Albacete.
malos presagios. Dos años más tarde, el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) actualizó y renombró el PAND de 2008, bajo el nombre de Estrategia Nacional de Lucha Contra la Desertificación.
Una de las zonas con los «peores pronósticos» de la Península era el «sureste semiárido», una región compuesta por las provincias de Albacete, Alicante, Almería, Granada, Málaga y Murcia.
Las causas eran tanto biofísicas como humanas. Entre las primeras, la baja precipitación anual, entonces acentuada por la sequía, así como los suelos frágiles y pobres, propensos a la degradación.
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