Editorial

Un año para que España se reafirme en Europa

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Al iniciar este nuevo año, el tejido productivo español se encuentra en una encrucijada marcada por la incertidumbre y la necesidad de afrontar retos significativos. Sin embargo, lejos de ver este panorama como una simple dualidad entre el optimismo y el pesimismo, es fundamental reconocer que se presenta como un entramado de factores tanto positivos como negativos. Los altos precios de los procesos productivos son una realidad que no podemos ignorar, pero también lo es la resiliencia que ha demostrado la economía española frente a sus competidores europeos.

La reciente Encuesta de Perspectivas Empresariales, elaborada por la Cámara de Comercio de España, revela que la confianza de los empresarios en el futuro es notablemente optimista. Con un saldo positivo de 15,4 puntos, España se posiciona como uno de los países más esperanzadores de Europa en términos de desarrollo empresarial. Este optimismo se apoya en el crecimiento de las exportaciones y en un mercado interno que, a pesar de las dificultades, sigue mostrando signos de dinamismo. Las previsiones apuntan a un desempeño activo en las exportaciones, con un balance que supera con creces la media de la Unión Europea.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. La preocupación por el aumento de los costes laborales se erige como el principal condicionante para las empresas en 2025. Un 72,6% de las organizaciones encuestadas identifican este factor como un obstáculo significativo, lo que refleja la presión que sienten ante el incremento de retribuciones, cargas administrativas y otros gastos asociados. Este contexto se complica aún más con la paradoja de un alto desempleo en el país, que coexiste con la falta de personal cualificado, un desafío que debe ser abordado con urgencia.

En este escenario, el empleo y la inversión se sitúan en un punto intermedio. Aunque las expectativas de empleo son moderadamente positivas, con más empresas anticipando aumentos que reducciones, la inversión sigue siendo un área débil. La falta de un impulso claro en este ámbito podría limitar el crecimiento a largo plazo y la capacidad de las empresas para adaptarse a un entorno cambiante.

A pesar de las incertidumbres, los economistas destacan que España ha logrado revertir pronósticos pesimistas en el pasado reciente, y se espera que continúe siendo uno de los países con mayor crecimiento en Europa. Este potencial de crecimiento dependerá en gran medida de la capacidad del tejido productivo para adaptarse a los desafíos que se presentan, así como de la colaboración entre el sector público y privado para fomentar un entorno favorable para la inversión y la creación de empleo. Así, 2025 se presenta como una oportunidad para que España reafirme su posición en el panorama europeo.