Buenas intenciones que no generan confianza

Miguel Herrera (SPC)-Agencias
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La Comisión Europea lanza su 'Visión para la agricultura y la alimentación', que esboza la política comunitaria para los próximos años, menos verde y más cerca del campo. El sector echa en falta algunos puntos y concreción en el presupuesto

Buenas intenciones que no generan confianza - Foto: PABLO LORENTE Pablo Lorente

La Comisión presentó la semana pasada su 'Visión para la agricultura y la alimentación', una ambiciosa hoja de ruta sobre el futuro de la agricultura y la alimentación en Europa. Este plan sienta las bases de un sistema agroalimentario atractivo, competitivo, resiliente, orientado al futuro y justo para las generaciones actuales y futuras de agricultores y agentes económicos del sector agroalimentario, según asegura Bruselas.

Simplificar en mayor medida las estrategias y aumentar la adopción de la innovación y la digitalización son requisitos previos de todas las medidas planeadas en la visión. Más adelante en 2025, la Comisión propondrá un paquete global de simplificación del actual marco legislativo agrario junto con una estrategia digital de la UE para la agricultura, a fin de apoyar la transición hacia una agricultura adaptada a la digitalización.

En palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, «nuestros agricultores ocupan un lugar central en el sistema de producción de alimentos de la UE. Gracias a su duro trabajo cotidiano, todos tenemos alimentos seguros y de alta calidad. Sin embargo, nuestros agricultores sufren dificultades crecientes derivadas de la competencia mundial y del cambio climático. Esta es la razón por la que hoy proponemos una estrategia global que hará que la agricultura sea más atractiva, más resiliente y más sostenible».

El documento esboza cuatro ámbitos prioritarios. El primero es el reto de convertir al campo en un sector atractivo para los jóvenes: la agricultura debe tener la estabilidad necesaria para facilitar nuevas incorporaciones, también mediante unos ingresos justos, ayudas públicas mejor orientadas o una revisión de la Directiva sobre las prácticas comerciales desleales, entre otros asuntos. En segundo lugar, se pretende aumentar la competitividad y la resiliencia de las explotaciones: dar prioridad a la seguridad y la soberanía alimentarias sacando todo el partido de las negociaciones y los acuerdos comerciales, protegiendo al mismo tiempo los intereses de los agricultores europeos.

En tercer lugar se destaca la necesidad de crear un sector preparado para el futuro: el sector agrícola europeo desempeña un papel importante en la transición hacia una economía hipocarbónica y la visión reconoce la necesidad de conciliar la acción por el clima con la seguridad alimentaria y los retos específicos a los que se enfrenta el sector. En cuarto lugar se propone una mejora en las condiciones de vida y de trabajo en las zonas rurales: la Comisión presentará un Plan de Acción Rural actualizado para velar por que las zonas rurales sigan siendo dinámicas y funcionales y estando profundamente vinculadas al patrimonio cultural y natural de la UE.

Organizaciones agrarias.

Para COAG, el documento es una declaración de buenas intenciones que se queda coja en las principales amenazas: obvia la uberización del campo y el creciente apetito de los fondos buitre por las mejores tierras de regadío del sur de Europa y no hace referencia a la destrucción del tejido productivo local en base a la competencia desleal de los acuerdos de libre comercio de la UE con terceros países, caso de Marruecos o Mercosur. La organización valora «la voluntad de que los precios pagados a los agricultores se sitúen por encima de los costes de producción y el vital impulso a la incorporación de jóvenes, pero, para que sea una realidad, debería estar acompañado de actuaciones concretas y valientes en el ámbito de la política comercial europea y la cadena de valor del campo a la mesa. De lo contrario, se quedará en un brindis al sol».

En este contexto, COAG reivindica y exige tres líneas básicas de actuación. Por una parte, «unos precios justos y unas rentas dignas para los hombres y mujeres del campo. En caso contrario no hay sostenibilidad». También pide disponer de un período de adaptación para asumir los importantes cambios que se producirán, con un apoyo importante tanto en ayudas como en inversiones, formación y asesoramiento al margen del presupuesto de la PAC. Por último, solicita un abanico de actuaciones en lo que concierne a los costes de producción, cuya tendencia al alza ha reducido la rentabilidad del sector en los últimos lustros.

Por su parte, ASAJA felicita al comisario Hansen por el cambio de narrativa y enfoque, logrado gracias a las manifestaciones que tuvieron lugar a lo largo del año pasado. En su evaluación de la situación actual, la Comisión ha ajustado su enfoque en materia de política agrícola y ahora utiliza un lenguaje diferente, asegura la organización, que destaca especialmente que «el comisario nos ha reconocido como empresarios, asumiendo el papel clave de los agricultores como innovadores y generadores de empleo. La importancia de la agricultura en el contexto geopolítico actual está reconocida. El enfoque del comisario Hansen reposiciona la agricultura como un activo estratégico clave y un pilar de la soberanía europea».

También se valora el reconocimiento del papel que desempeñan los agricultores al abordar los desafíos climáticos, proteger el medio ambiente, apoyar la bioeconomía y contribuir a la sociedad. «La Comisión ha identificado las fragilidades demográficas y económicas del sector, resaltando cuestiones como los ingresos agrícolas, la competitividad, la innovación, la cooperación y el relevo generacional». 

Sin embargo, ASAJA critica muy duramente el empecinamiento en los pagos degresivos y el establecimiento de límites a las ayudas por explotación, ya que tendrán efectos negativos significativos. La degresividad de los pagos y el capping penalizan injustamente a las explotaciones más eficientes, aseguran, que suelen ser las que generan mayor empleo, invierten en innovación y contribuyen de manera más significativa a la seguridad alimentaria. Estas explotaciones, al enfrentarse a una reducción de ingresos por ayudas, podrían ver comprometida su viabilidad económica, lo que afectaría no solo a su capacidad de producción, sino también al empleo rural y a la sostenibilidad de las cadenas de suministro.

Además, lamentan que estas medidas «no tienen en cuenta las diferencias estructurales entre países y regiones, lo que podría generar desigualdades y desincentivar la modernización y el crecimiento de las explotaciones agrícolas».

Por último, ASAJA destaca, como también lo hace COPA-COGECA en sus valoraciones, que el anuncio de Bruselas omite una parte crucial del debate actual sobre la financiación de la PAC en el próximo Marco Financiero Plurianual.

Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, tras hacer un análisis de la comunicación de la Comisión Europea, insta a la Comisión a empezar a seguir sus propios pasos e incorporar ya sus intenciones en el acuerdo UE-Mercosur que se encuentra encima de su mesa. Esta organización agraria valora muy positivamente que la Comisión recule, de alguna manera, y haga alusión a la reciprocidad en los acuerdos comerciales para defender el modelo productivo europeo.

En este sentido, la Comisión ha anunciado que apostará por una mayor reciprocidad en los estándares de producción, asegurando que los productos importados cumplan con requisitos equivalentes en pesticidas, bienestar animal y seguridad alimentaria y, para hacerlo cumplir, fortalecerá el control de las importaciones y se aplicarán sanciones más estrictas en caso de competencia desleal. La organización considera que en esta visión faltaría también las condiciones sociales ya que es también un factor que determina cómo se han producido los alimentos y también podría desencadenar en una competencia desleal.

«Apreciamos que la Comisión haya acogido nuestras reivindicaciones incluyendo su intención de introducir las cláusulas espejo en los acuerdos de comercio exterior», comentan desde Unión de Uniones. «Pero el movimiento se demuestra andando y hasta que no lo veamos, no lo creeremos. No se puede esperar a 2027 teniendo el acuerdo de Mercosur sobre la mesa», añaden.

Por otro lado, Unión de Uniones ve muy positivo que se cuestione la ambición ambiental. «El Ejecutivo europeo reflexiona, de alguna forma, en que no puede seguir elevando los estándares internos (por ejemplo, en la prohibición de sustancias activas fitosanitarias) sin consecuencias negativas para el potencial productivo de la UE». Por ello, se orienta más hacia la vía de incentivar la contribución de la agricultura a la absorción de carbono y a la producción de energías renovables, lo que muy posiblemente genere nuevas cargas de burocracia para las explotaciones. La organización espera que la Comisión sea capaz de ofrecer una alternativa que ayude a conseguir este hito.

Cooperativas Agro-alimentarias de España valora la Comunicación, porque recoge parte del mensaje que el sector venía trasladando en los últimos tiempos, y celebra el reconocimiento al papel de las cooperativas. Sin embargo, la falta de medidas concretas para apoyar y fomentar el modelo sigue siendo una asignatura pendiente, aseguran.

Planas.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, ha trasladado el apoyo de España a la 'Visión para la agricultura y la alimentación' porque da respuesta desde «una perspectiva de conjunto a los retos que tenemos de forma inmediata en relación a la agricultura y la alimentación en la Unión Europea». Planas ha resaltado que por primera vez un documento de la Comisión Europea plantee la prohibición de la venta a pérdidas dentro de la cadena alimentaria y la implantación del contrato por escrito, preceptos ya recogidos en la Ley de la Cadena Alimentaria española reformada en diciembre de 2021. «Es una aportación muy interesante para la remuneración de los agricultores y ganaderos», ha señalado.

El ministro también ha valorado que la Comisión plantee que las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) estén enfocadas en el futuro de forma prioritaria hacia los agricultores y ganaderos que más lo necesiten y no sean un apoyo horizontal generalizado. «Los pequeños y medianos productores son la inmensa clase media del sector», ha enfatizado.

El tercer aspecto destacado por el ministro sobre el documento de la Comisión es la reciprocidad en las prácticas comerciales o cláusulas espejo, en cuestiones por ejemplo como la prohibición de importar productos de terceros países en cuya producción se utilicen productos fitosanitarios no permitidos en Europa.

En definitiva, muy buenas intenciones, pero poca seguridad. La nueva hoja de ruta de la Comisión Europea busca equilibrar los objetivos de sostenibilidad económica y ambiental, cambiando obligaciones por incentivos verdes, en un guiño a los productores. El documento habla de un sector agroalimentario que trabaje «de la mano con la naturaleza» en un contexto en el que vayan juntas la descarbonización y la competitividad. Pero el sector sabe que para poner en práctica esas buenas intenciones hace falta dinero, mucho dinero, y de eso no se ha dicho ni una palabra.