Vivimos una alianza entre Trump y Putin para repartirse Ucrania, una crisis en la OTAN que puede provocar que salte por los aires la más importante alianza del mundo democrático en materia de Defensa y seguridad; Putin invadió parte de Ucrania hace tres años e inició una guerra en Europa, y Estados Unidos se coloca ahora al lado del invasor. Un puñado de jefes de gobierno europeos se resisten a proteger al invadido, Zelenski, porque considerar excesivo el precio en dólares y euros a pagar … Aquí todo el mundo es generoso y pronuncia bellas palabras de solidaridad, hasta que les tocan el bolsillo.
Europa está echada a perder, con una serie de dirigentes de medio pelo que, si los padres fundadores del Mercado Común se levantaran de sus tumbas regresarían a ellas inmediatamente al ver en qué se ha convertido su proyecto. Tan falto de líderes que la extrema derecha ha encontrado hueco en el que colarse y pretende imponer su criterio, en el que la xenofobia y el nacionalismo exacerbado -impulsor de las grandes guerras- pueden liquidar la UE. Y no es un alarmismo injustificado.
En España no dedicamos ni un minuto a reflexionar sobre el presente y por tanto sobre el futuro, avestruces todos que esconden la cabeza para no verse obligados a tomar decisiones. Y, también, porque bastante tenemos con lo que tenemos como para andar ahora dando vueltas a qué puede desencadenar que Donald Trump haya expresado públicamente su desprecio a quien es víctima de su amigo Putin.
Lo que tenemos, sin ser tan extremo como el peligro de una nueva guerra, es que la corrupción moral de este gobierno se supera día a día con nuevos nombres y nuevas operaciones que, además de ilegales, causan escándalo. La prensa afín publica que un importante empresario formó parte de una historia de corrupción de la trama Gürtel. Deplorable y escandaloso, pero cuando es tanto lo que vivimos las últimas semanas, en las que cada día hace bueno al anterior, volver a Correa y Gürtel es la prehistoria, en la que además ha habido ya juicios, condenas, altos cargos en prisión y elecciones en las que han recibido castigo partidos que ampararon a los corruptos o miraron hacia otro lado.
Todo aquello, aunque grave, es nada comparado con todo lo que tenemos encima. Por el mucho dinero manejado en operaciones corruptas, la generosidad de importantes dirigentes para colocar a familiares y amigos, un ministro pagando a una prostituta durante dos años con dinero público, financiación del partido del gobierno que pide a gritos investigación urgente, utilización del Constitucional para echar abajo sentencias adversas del Supremo, condenados o huidos de la Justicia que imponen sus políticas al gobierno, y partidos de ínfima categoría que tienen más influencia que el que ha ganado las elecciones.
Estos últimos, para mayor escarnio, deciden si España debe o no debe ampliar su presupuesto de Defensa que, tal como está al mundo, puede ser razón de supervivencia.
El gobierno español está vacacionando mientras el mundo tiembla.