Decía esta semana el presidente de Asaja Albacete, Jorge Navarro, que la sequía que padecemos en los últimos años había provocado que los campos de secano habían dejado de ser rentables en una tierra que se mantuvo durante décadas con el cultivo de cereales y leguminosas. Cada año que pasa las lluvias son más escasas y el fenómeno de desertificación en varias comarcas de la provincia empieza a ser una realidad. Además, los nuevos cultivos que se expandieron por la llanura manchega, como el almendro o el pistacho, no acaban de dar los frutos esperados y el campo albacetense afronta un futuro más que incierto.
Las miles de hectáreas que se plantaron de almendro supusieron que Albacete y su zona de influencia se asemejaran a las comarcas productoras de Estados Unidos, pero, pasados unos años, su rentabilidad está en entredicho y muchos agricultores que dejaron el cereal para abrazar al almendro estudian ahora arrancan los árboles, porque de los últimos años, apenas una cosecha fue rentable. Del pistacho ahora comienzan a ponerse en producción la mayoría de las hectáreas que se plantaron hace unos años y habrá que esperan a ver cómo evoluciona, pero hay bastantes agricultores que ya venden sus parcelas con los árboles jóvenes porque desconfían del futuro de este cultivo.
La provincia albacetense es eminentemente agroalimentaria y, con este panorama, la viabilidad de muchas explotaciones está entredicho. Si a esto, unimos que el relevo generacional existe con cuentagotas, el futuro del campo albacetense no es nada halagüeño. Eso sí, las instalaciones de energías renovables van viento en popa, mientras muchos nos preguntamos cuál será el papel de Albacete en el mapa del hidrógeno verde...