El condado chino de Meitan, apodado el mar de té, presume de ser la mayor plantación continua del mundo de hojas de una bebida que se adapta a la sociedad moderna manteniendo la tradición, mientras convive con nuevas tendencias como el café. Con una extensión cercana a las 43.000 hectáreas, además de ser la principal base productiva en la provincia central de Guizhou, es sede de actividades de ecoturismo, como visitas guiadas, experiencias de recolección y degustación, y talleres sobre las técnicas de elaboración.
En las instalaciones, los expertos explican cómo degustar y servir correctamente la infusión, con una serie de delicados procesos. «La tradición implica el uso de una gran mesa, un cuenco típico con tapa y sin mango, un recipiente previamente calentado, la infusión de las hojas... Es completo», indica el director del Centro de Desarrollo de la Industria del Té del condado de Meitan, Yang Dong, en una torre desde la que se divisan campos de té hasta donde alcanza la vista.
Sin embargo, «los jóvenes de hoy en día llevan un ritmo de vida más acelerado», asegura Yang. «Algunos creen que todo este proceso es demasiado engorroso o incluso pueden llegar a sentirse somnolientos después de ver los diferentes pasos», añade el experto.
Este cambio de hábitos ha dado lugar en los últimos 15 años a la aparición en las ciudades del gigante asiático de decenas de miles de locales especializados en las llamadas nuevas bebidas de té, que combinan la infusión milenaria con leche, frutas, bolas de tapioca y todo tipo de añadidos.
Según un informe de la consultora local iiMedia Research, en 2024 este mercado de derivados del té original registraron un volumen de 354.000 millones de yuanes (o lo que es lo mismo, 48.5500 millones de dólares, unos 46.617 millones de euros), alcanzando una madurez que ha posibilitado que algunas de las cadenas más destacadas como Mixue o Heytea se expandan por el Sudeste Asiático, e incluso por Europa y Norteamérica.
Pese a que la consultora alerta de una «saturación» del mercado en China en este campo, el sector continuará creciendo, aunque a menor ritmo, hasta llegar a un volumen de 400.000 millones de yuanes (54.800 millones de dólares, unos 52.670 millones de euros) en 2028.
Estas bebidas, frecuentemente con un contenido alto en azúcar, chocan con la saludable infusión tradicional de té, que va acompañada de una «atmósfera que cultiva el espíritu», indica Yang, que lamenta que algunos de estos brebajes, «a diferencia del pasado», incluyen elementos como «té en polvo, crema o sacarina, que no son muy beneficiosos para la salud».
Según un informe de una asociación de consumidores de la ciudad de Fuzhou (sureste de China), el contenido en azúcar de 20 bebidas de té con leche de 20 locales de diferentes cadenas osciló entre los 21 y los 48 gramos por consumición, con un promedio de 35 gramos por vaso, dato que supera la recomendación de las autoridades sanitarias chinas de ingerir menos de 25 gramos diarios.
Hábitos cambiantes
Curiosamente, el auge del sector de nuevos brebajes de té se ha desarrollado en paralelo a la expansión del café en el gigante asiático, una bebida de la que los chinos tomaban unas nueve tazas al año en 2016, cantidad que sin embargo se había casi doblado hasta 16,7 en 2023, como refleja un informe sobre este campo citado por la prensa local.
Pese a la pujanza del café entre los jóvenes chinos, especialmente las mujeres, según el citado estudio, el 95 por ciento de la cafeína o teína consumida por los habitantes del país sigue procediendo del té, según investigaciones locales.
Sin embargo, ante el margen de crecimiento detectado a nivel comercial, grandes cadenas internacionales como la estadounidense Starbucks o la canadiense Tim Horton's han apostado fuertemente por el aumento de la popularidad del café en el gigante asiático, planeando tener abiertos en China 9.000 locales este año y 2.750 el próximo, respectivamente, aunque ya han de competir con empresas nacionales como Luckin Coffee.
En lo referente a esta cuestión, para Yang, el foco debería desplazarse: «Podemos plantearlo al revés; nosotros, por supuesto, pensamos en lograr que todo el planeta beba té y no café».
Pese a que cita la «integración con las costumbres locales y preferencias personales» como uno de los principales obstáculos, el experto asegura que «no existen fronteras nacionales en lo que respecta a tomar té y la cultura que lo rodea».