El Casino Primitivo acogió la presentación de La acería del tiempo, de Santiago Redondo Vega, premio de Poesía Elías López Roldán del Ateneo de Albacete. El autor, que estuvo acompañado en este acto, entre otros por María Antonia Sanabria Hernández y Francisco Jiménez Carretero, comentó a La Tribuna de Albacete las singularidades de la obra.
¿Por qué decidió presentarse al premio Elías López Roldán del Ateneo de Albacete?
Cuando uno escribe necesita contrastar su manera de ver el mundo, su propia literatura, su propia poesía, entonces me decidí por el certamen del Ateneo de Albacete, que es un premio limpio, que tiene un jurado muy competente y no está mediatizado por ninguna editorial. Además, tienes la publicación del poemario, que eso siempre supone para el autor un espaldarazo y el premio tiene un prestigio ya consolidado, con una alta participación.
¿Tenía ya escrito el poemario antes de la convocatoria?
Sí, cuando alguien escribe, prepara un poemario y lo presenta a un concurso. El poemario estaba hecho, me llevó como año y medio. Yo procuro sopesar bastante, leer y releer lo que escribo y no soy muy prolífico.
¿El título, La acería del tiempo, tiene que ver con el contenido del poemario?
Soy un poeta, sobre todo, existencial, entonces si extrapolamos, el tiempo, el fuego y la vida acaban siendo ese crisol donde se van fundiendo todas las vivencias y el recorrido vital que uno tiene. El poemario habla de un cúmulo de experiencias, al fin de cuantas, de lo que conoces.
¿Una reflexión del poeta?
Siempre. A veces es muy difícil disociar la persona y el autor, pero uno busca reflexionar y tratar de conocerse, a través de lo que escribe, una búsqueda; un juicio social de doble sentido. Uno no acaba de conocerse hasta que no se enfrenta a situaciones concretas, y plasmar lo que piensa a nivel personal, social, cultural, enfrentándote al papel, hace que te descubras cada vez más con cada trabajo.
¿Cómo está estructurado este poemario?
El poemario es un todo, pero a pesar de eso, está dividido en cinco apartados, La intrusa fragilidad de lo bello, La transgresión de lo cotidiano, La confabulación de las palabras, La abrasión callada de los días y por último, La conciencia exigua de uno mismo. Es un todo, pero en esos apartados entran diferentes puntos de vista sobre maneras de ver la sociedad y el mundo que nos rodea.
¿Algún tema especialmente relevante en la obra?
Me interesan todos. Hay elementos fijos en cada estructura poética, no sólo en mí, en cualquiera que escribe, como la vida, la muerte, la sociedad, uno mismo y el mundo que le rodea, en general, son los grandes puntos de atracción literaria y poética. Es un poemario que entiendo que también busca la crítica social, porque pienso que un poeta no puede estar ajeno por completo a la realidad del mundo, de alguna manera, tiene que tener su mirada social y dar su opinión poética. Un poeta es un testigo social y tiene que tener un punto de vista sobre las cosas. El poema no puede quedarse simplemente en la floritura.
¿Cómo es su poesía?
La poesía, evidentemente tiene que tener un nivel, en el lenguaje, cultural, sociológico, pero eso no quiere decir que no sea entendible. La poesía tiene que ser para todo el mundo, llegar a todos, lo que pasa es que no se puede bajar el nivel como para que la poesía quede en un mero relato. Estamos acostumbrados últimamente, en redes sociales, a la poesía como renglones cortados, reflexiones pueriles. Si transmitimos que es eso la poesía, estamos haciendo un flaco favor a la juventud que tanto la sigue.
¿Con alguna estructura?
Es como todo, para destruir hay que construir antes. Yo he nacido y me he recreado en el verso rimado, en el verso culto, pero voy evolucionando y hace años, con todos mis libros publicados, están en verso libre. Busco el verso libre, con encabalgamientos, ritmos interiores, con cierta calidad de lectura.